jueves, 19 de septiembre de 2024

RESCATANDO EL LEGADO DEL PISCO: LA HISTORIA Y EL FUTURO DEL VALLE DE VITOR

Por: Grover Lanza

El Valle de Vitor, una de las regiones conocida en la producción vitivinícola del Perú, el aguardiente de uva, precursor del actual pisco, tiene un papel más que importante en la historia local. Andrea Ocampo Macera, docente e historiadora, ha dedicado su investigación a buscar la historia de esta bebida emblemática, revelando una riqueza cultural entre regiones productoras.

Andrea Ocampo Macera, señala que durante la época del Virreinato del Perú se producía aguardiente de uva en las regiones de Pisco e Ica. Según ella, la popularidad del pisco o aguardiente se empezó a notar a partir del siglo XVIII, cuando su consumo se incrementó considerablemente. Antes de esta época, la producción era menor y el aguardiente se destinaba principalmente a fines medicinales.

Ocampo argumenta que, en lugar de centrarnos en la rivalidad sobre el origen del pisco, deberíamos enfocarnos en las peculiaridades y la calidad del aguardiente de uva producido en nuestro país. Menciona que en los Valles de Vitor y Majes se elaboraba pisco de alta calidad, conocido en ese tiempo como aguardiente de uva Moscatel. De acuerdo con ella, durante los siglos XIX y XX, el término "Moscatel" se utilizaba más como una marca que como una referencia al pisco, y algunos viajeros del siglo XIX llegaron a describir el aguardiente peruano como el "coñac del Perú", destacando la excelencia de la bebida.

Desde 2018, Ocampo ha estado trabajando en un proyecto viticultor junto con el historiador Enrique Ramírez Ángulo, y actualmente son un equipo de tres historiadores, un economista y un fotógrafo. El proyecto se centra en rescatar y difundir la historia del valle, colaborando con dos bodegas en Vitor: Bodegas de Vitor y San Javier. Con la bodega El Socavón, ubicada en la cabecera del valle, crearon una marca conmemorativa de pisco llamada "El Patriota" y están en proceso de publicar un libro sobre su historia. Con la bodega San Javier de Tacar, que originalmente fue propiedad de los Jesuitas de San Javier, están trabajando en recuperar la historia familiar del patriarca Prudencio Vidal Paz Soldán, y en preservar el legado de la comunidad vitivinícola local.

Andrea Ocampo enfatiza que el objetivo es llevar el conocimiento académico a estos espacios históricos. Destaca que el Valle de Vitor se especializó en la producción de vinos durante los siglos XVI y XVII, y que, a pesar de los desafíos como la erupción del Huayna Putina en 1600, la producción se ha recuperado con el tiempo. La ceniza volcánica enriqueció los suelos, y la producción vitivinícola enfrentó dificultades en las décadas de 1930 y 1940 debido a la falta de mercados compradores. Sin embargo, el reciente boom del pisco ha revitalizado la producción en el valle, que ahora se realiza con mejores estándares de calidad, como lo demuestra la hacienda Paz Soldán.

Muchos productores locales, que continúan con la tradición familiar, aún utilizan tinajas heredadas de sus antepasados. No obstante, estas tinajas se han deteriorado con el tiempo y se enfrentan a la oposición de las autoridades municipales que prohíben su uso. Ocampo sugiere que una solución podría ser desarrollar nuevas tecnologías que permitan modernizar estos recipientes sin perder su esencia histórica o elaborar tinajas nuevas que preserven la tradición.

Por otro lado, la presencia de tinajas en museos y jardines de Arequipa refleja una falta de valoración adecuada del patrimonio cultural de Vitor, según Ocampo. Durante años, el valle sufrió saqueos que despojaron a la comunidad de estos valiosos recipientes, que a menudo se ven como meros objetos decorativos. A su vez, Ocampo sostiene que las inscripciones en las tinajas, que incluyen el año de elaboración y el nombre del tinajero, son testimonio de una rica historia que involucra no solo a los productores de vino, sino también a quienes fabricaban los recipientes.

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