ARTÍCULO DE OPINIÓN
Por: Karen Pinto Cahuana
Cada 23 de abril celebramos el Día del Libro. Una fecha para recordar la magia de leer. Pero en el Perú, ese derecho no llega a todos. Leer sigue siendo un privilegio lejos de la realidad de millones.
Según la Encuesta Nacional de Lectura 2022, solo el 47,3 % de los peruanos entre 18 y 64 años leyó al menos un libro en el último año. Eso significa que más de la mitad no leyó ninguno. En zonas urbanas, el 50,3 % leyó libros. En zonas rurales, solo el 29,8 %. La brecha es enorme.
El promedio de libros leídos fue de apenas 1,9 por año. Es muy poco. No basta con que tengamos derecho. Hay que poder ejercerlo. Y eso no sucede. Muchas aulas no tienen bibliotecas. Según datos de la UNESCO, el 40 % de las escuelas primarias en áreas rurales del Perú no tiene bibliotecas . Sin libros en los colegios, ¿de dónde viene el hábito lector?
Según la Encuesta Nacional de Lectura 2022, solo el 47,3 % de los peruanos entre 18 y 64 años leyó al menos un libro en el último año. Eso significa que más de la mitad no leyó ninguno. En zonas urbanas, el 50,3 % leyó libros. En zonas rurales, solo el 29,8 %. La brecha es enorme.
El promedio de libros leídos fue de apenas 1,9 por año. Es muy poco. No basta con que tengamos derecho. Hay que poder ejercerlo. Y eso no sucede. Muchas aulas no tienen bibliotecas. Según datos de la UNESCO, el 40 % de las escuelas primarias en áreas rurales del Perú no tiene bibliotecas . Sin libros en los colegios, ¿de dónde viene el hábito lector?
Tampoco ayudan las bibliotecas públicas. Solo el 6,5 % de las personas acudió a una en el último año. Y en el ámbito rural, fue apenas el 3,1 %. Las bibliotecas digitales tienen algo más de uso (12 %), pero eso depende de acceso a internet. Y en muchas regiones no hay conexión estable.
La lectura digital es la más popular. El 82,7 % lee contenidos digitales: redes sociales, correos, portales, noticias . Eso está bien. Pero no sustituye al libro. Leer noticias no es lo mismo que leer una novela o un ensayo.
¿Por qué tan bajo hábito lector? La falta de tiempo es la excusa más común: 68,3 % dijo que no tenía tiempo para leer libros. Pero a veces el problema no es solo tiempo. Es el entorno. Si no se incentiva la lectura en la familia o en la escuela, se vuelve difícil encontrar motivación.
Además, comprar libros no es fácil. El 60 % de quienes obtuvieron libros, los compró. El resto los recibió gratis. Pero el costo de un libro nuevo puede ser alto para muchos hogares. Las librerías físicas siguen siendo la forma principal de compra. Y en provincias pequeñas no siempre hay dónde comprar.
El Estado reconoce el problema. En 2022, el Ministerio de Cultura e INEI realizaron por primera vez esta encuesta. Y en 2021 lanzaron la “Política Nacional de la Lectura, el Libro y las Bibliotecas al 2030”. La meta es fortalecer bibliotecas escolares, comunitarias, ferias y mediadores de lectura. Suena bien. Pero los resultados toman tiempo.
¿Qué hacemos mientras tanto? Se necesita acción desde el hogar. Padres y madres pueden leer con los hijos desde pequeños. Un cuento antes de dormir es semilla. Los maestros pueden promover clubes de lectura. Los gobiernos locales pueden habilitar rincones de lectura en plazas públicas. Una banca con libros compartidos puede iniciar el cambio.
Los medios también tienen su parte. Pueden promover escritores locales. Dar espacio a reseñas. Mostrar qué organizaron en la feria regional. Las librerías podrían sumar programas de intercambio de libros usados.
El Día del Libro no debe ser solo una fecha en el calendario. Debe ser un recordatorio. Recordatorio de que leer es una puerta. Una puerta a la imaginación. A la reflexión. A la crítica. A la ciudadanía.
No podemos resignarnos a que menos de la mitad lea un libro al año. No podemos aceptar que en el campo sea apenas el 30 %. No podemos dejar la lectura solo al que tiene tiempo, plata o ciudad. Leer es un derecho. Y, como todo derecho, necesita sobre todo acceso, condiciones y cultura.
Este 23 de abril no basta con felicitar. Hay que actuar. Hay que abrir puertas. Hay que llenar espacios. Cada libro que entra en una casa es una victoria. Cada niño que descubre una historia es un futuro con más preguntas y menos respuestas arregladas. Cada pueblo que recupera su biblioteca es un paso contra la desigualdad.
Leer no es un privilegio. Es un arma contra la ignorancia, contra la manipulación, contra lo repetido y lo viejo. Leer es construir. Y solo se construye si abrimos libros y también abrimos mentes.
La lectura digital es la más popular. El 82,7 % lee contenidos digitales: redes sociales, correos, portales, noticias . Eso está bien. Pero no sustituye al libro. Leer noticias no es lo mismo que leer una novela o un ensayo.
¿Por qué tan bajo hábito lector? La falta de tiempo es la excusa más común: 68,3 % dijo que no tenía tiempo para leer libros. Pero a veces el problema no es solo tiempo. Es el entorno. Si no se incentiva la lectura en la familia o en la escuela, se vuelve difícil encontrar motivación.
Además, comprar libros no es fácil. El 60 % de quienes obtuvieron libros, los compró. El resto los recibió gratis. Pero el costo de un libro nuevo puede ser alto para muchos hogares. Las librerías físicas siguen siendo la forma principal de compra. Y en provincias pequeñas no siempre hay dónde comprar.
El Estado reconoce el problema. En 2022, el Ministerio de Cultura e INEI realizaron por primera vez esta encuesta. Y en 2021 lanzaron la “Política Nacional de la Lectura, el Libro y las Bibliotecas al 2030”. La meta es fortalecer bibliotecas escolares, comunitarias, ferias y mediadores de lectura. Suena bien. Pero los resultados toman tiempo.
¿Qué hacemos mientras tanto? Se necesita acción desde el hogar. Padres y madres pueden leer con los hijos desde pequeños. Un cuento antes de dormir es semilla. Los maestros pueden promover clubes de lectura. Los gobiernos locales pueden habilitar rincones de lectura en plazas públicas. Una banca con libros compartidos puede iniciar el cambio.
Los medios también tienen su parte. Pueden promover escritores locales. Dar espacio a reseñas. Mostrar qué organizaron en la feria regional. Las librerías podrían sumar programas de intercambio de libros usados.
El Día del Libro no debe ser solo una fecha en el calendario. Debe ser un recordatorio. Recordatorio de que leer es una puerta. Una puerta a la imaginación. A la reflexión. A la crítica. A la ciudadanía.
No podemos resignarnos a que menos de la mitad lea un libro al año. No podemos aceptar que en el campo sea apenas el 30 %. No podemos dejar la lectura solo al que tiene tiempo, plata o ciudad. Leer es un derecho. Y, como todo derecho, necesita sobre todo acceso, condiciones y cultura.
Este 23 de abril no basta con felicitar. Hay que actuar. Hay que abrir puertas. Hay que llenar espacios. Cada libro que entra en una casa es una victoria. Cada niño que descubre una historia es un futuro con más preguntas y menos respuestas arregladas. Cada pueblo que recupera su biblioteca es un paso contra la desigualdad.
Leer no es un privilegio. Es un arma contra la ignorancia, contra la manipulación, contra lo repetido y lo viejo. Leer es construir. Y solo se construye si abrimos libros y también abrimos mentes.


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