martes, 22 de abril de 2025

CUIDAR LA TIERRA NO ES MODA ES URGENCIA

ARTÍCULO DE OPINIÓN
Por: Karen Pinto Cahuana


 
 
 
 
 
Cada 22 de abril marcamos el Día de la Tierra. Puede parecer un día más. Pero esto hace visibilizar un problema grave. El cambio climático ya llegó al Perú. Y no solo es una amenaza futura. Ya duele hoy.


Desde 1960, la temperatura promedio en el Perú ha subido 0,3 °C en la mínima y 0,5 °C en la máxima. En 2023, la temperatura anual promedio alcanzó 20,23 °C, la más alta en 60 años. Eso significa más calor en la costa. Más sequías en la sierra. Más lluvias intensas en la Amazonía. Se suman eventos como El Niño, irregular y fuerte.

Según el IPCC, en Perú la temperatura podría subir 3 °C para 2050. Eso es más que un número. Es vidas. Es cultivos que se pierden. Es agua que escasea. Es salud que se contagia.

En San Pedro de Casta, en la sierra de Lima, agricultores señalan lluvia irregular. Suelos resecos. Su producción baja. Su fe está en canales incas. Pero ya no alcanza.
 La economía también sufre. El BCR prevé que si el calentamiento continúa, el ingreso per cápita puede caer hasta 9 % en 2050. La agricultura y pesca son las más afectadas. Eso golpea a la población más vulnerable.

Si todo esto no es urgencia, ¿qué lo es?

Pero no solo sube la temperatura. También baja el bosque. Perú perdió 2,2 millones de hectáreas de bosques entre 2001 y 2018. En 2020, la pérdida fue de 203 272 ha. La mayor cifra en 20 años. En 2022 se reportaron 146 575 ha y en 2023 fueron 132 216 ha. Casi 10 % menos que en 2022. Pero aún alto.

La deforestación no es casual. Proviene de tala ilegal, expansión agrícola, minería y coca. Regiones como Ucayali, Loreto y San Martín pierden grandes bosques cada año. Es allí donde el bosque deja de absorber CO₂. Y el planeta se calienta aún más.

Este daño ambiental tiene rostro humano. Gente que planta papas o cría ganado se queda sin agua. Pequeñas comunidades pierden su sustento. Se ven forzadas a migrar. Juegan a la suerte.

Y nuestra reacción sigue siendo lenta. Las políticas ambientales son débiles. La Ley Forestal cambió en 2024. Y la ONU advierte riesgo a pueblos indígenas y aumento de la tala. El Estado promete, pero no cumple.

¿Por qué? Porque evitar el daño cuesta dinero. Pero el costo de reparar será mucho mayor. Ya lo estamos pagando con calor, inundaciones y hambre. Ya lo pagaremos con pérdidas de vidas.

Cuidar la Tierra no debe ser una moda. No debe ser un día en abril. Debe ser un acto diario. El Estado debe invertir más. Hoy gastamos poco. América Latina, incluida Perú, invierte más en adaptación que en mitigación . Es necesario equilibrar.

Papá, mamá, maestro, comerciante, estudiante: todos podemos actuar. Usar menos plásticos. Reciclar en casa. Cuidar los bosques cercanos. Pedir obras de reforestación. Exigir estudios de impacto ambiental. Desde ahí podemos involucrarnos.

El Día de la Tierra es una fecha señalada, pero lo que cuenta es el día siguiente. El siguiente mes. El siguiente año. ¿Qué vamos a hacer?

Si no cambiamos ya, el día de la Tierra será un recuerdo de lo que perdimos. Y no podemos perder más.

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